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Guerra tecnológica – Uno de los principales condicionantes del ciclo económico mundial en los últimos meses ha sido la geopolítica

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Guerra tecnológica

Uno de los principales condicionantes del ciclo económico mundial en los últimos meses ha sido la geopolítica. Desde la tensión entre el gobierno italiano y a Comisión Europea hasta la victoria de los dos candidatos populistas en México y Brasil, pasando por el BREXIT y, sobre todo, las disputas entre EEUU y China. “Guerra comercial” se denomina, cuando el fondo es una “guerra tecnológica”.

Uno de los motores de la economía mundial en las dos últimas décadas (pero sobre todo en la última) ha sido los desarrollos tecnológicos. Y a poco que se analice con rigurosidad, comprobamos que el potencial es, todavía enorme. No caigamos en los tópicos y diagnostiquemos que, tras los últimos avances, “el campo de mejora está agotado”. Con motivo de la caída del Nasdaq de las últimas semanas y, en especial, de uno de sus buques insignias (Apple; -40%) se han escrito varios análisis que tratan de demostrar que nos encontramos ya en el techo de la curva de crecimiento: ¡nada más lejos de la realidad! Lo saben bien las autoridades estadounidenses y chinas, enzarzadas en esa guerra por liderar los próximos (y abundantes) desarrollos tecnológicos. Es posible que en Europa no lo entendamos. Parece que llevamos años sin hacerlo, a tenor del escaso desarrollo del sector y del ínfimo número de compañías líderes a escala mundial. Aquí, seguimos preocupados por nuestros mismos males y con tareas por resolver aún pendientes. Cuando escribo estas líneas no tenemos ninguna visibilidad sobre la futura relación entre el Reino Unido y la UE; Italia debe resolver la situación de su sistema bancario (¡sí, en 2019!: España lo hizo en 2012 y EEUU en 2008); Francia necesita reformar su economía y poner fin al persiste débil crecimiento de su economía y aumento de deuda pública y deterioro de la posición de inversión internacional neta (PIIN). Mientras, China y EEUU, “a lo suyo”, apostando por el crecimiento futuro. Diferencias que a no hacen más que aumentar la brecha del PIB. Análisis estructural; vayamos al coyuntural.

Como he comentado, y es bien sabido, el Nasdaq ha sufrido uno de sus peores trimestres. Desde los máximos de finales de agosto ha caído un 25%. Parece que los inversores se han replanteado sus previsiones de crecimiento del beneficio por acción de la tecnología que, si bien siguen siendo altas (del orden del 10%), no lo son tanto como para justificar ratios de valoración (como el PER) tan altos (ha caído hasta 20x desde 23x).

La caída del Nasdaq, y, en general de todo el mercado bursátil ha reabierto varios debates. Por un lado, si las cotizaciones son indicadores adelantados del ciclo, de tal forma que la cesión anticipa una futura recesión (señal similar procede desde la pendiente de la curva del USD). Por otro, si el mercado “no descuenta nada” sino que lo relevante es que la caída puede provocar por sí misma una pérdida de dinamismo del PIB por varios canales. El primero y más obvio la pérdida de riqueza. El segundo, el endurecimiento de las condiciones financieras que supone (en mayor medida vía la ampliación de diferenciales en renta fija privada). Y el tercero, el deterioro de la confianza de los agentes como respuesta a la caída de las cotizaciones. Cada día soy más escéptico sobre la capacidad predictiva de los mercados (1), pero más consciente de que la evolución de las cotizaciones impacta (al alza y a la baja) sobre el ciclo económico. Y de ahí que las políticas monetarias (e incluso las fiscales) deban ser sensibles a la evolución de los precios de los activos financieros. A medida que los mercados de capitales (vía directa, vía indirecta a través de las instituciones de inversión colectiva) son más importantes en la intermediación del ahorro, más se deben vigilar las cotizaciones como “causa del ciclo” (y no tanto como “estimadores del mismo”).

Evolución del tipo de intervención de la Fed y del Nasdaq

Fuente: Bloomberg

 Por ello creo adecuado que la Reserva Federal decida una pausa en el proceso de subidas de tipos de interés. Como ya lo hizo en 2016 cuando tras la primera alza (la de diciembre de 2015) optó por “esperar y ver” la evolución de la economía China, los resultados del referéndum en el R. Unido y de las elecciones presidenciales. Constatado que el ciclo resistía, optó por continuar con las subidas. En total, 9, hasta situar el tipo de intervención en el 2,25% – 2,50%, lo que supone ya un tipo de interés real positivo. Tiempo para decidir una nueva pausa compatible con la continua reducción del tamaño del balance, proceso que avanza de forma gradual. Una vez que  la política monetaria convencional ya no es expansiva, la Fed debe centrarse en abandonar la vertiente no convencional. Y si, cuando ésta termine el ciclo económico sigue siendo tan dinámico, retomar la senda de subidas

Esquema de política monetaria de la Fed

Fuente: Elaboración propia

David Cano Martínez
@david_cano_m

(1) En 2016 se materializaron los riesgos esperados y, sobre todo, los inesperados y la economía sorprendió a la baja. Los mercados mostraron un buen comportamiento relativo. En 2018 los riesgos no se han materializado y la economía ha cumplido las favorables expectativas. Los mercados han mostrado un muy mal comportamiento.

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